Forjar la unidad popular

La unidad del pueblo no se consigue diluyendo las luchas populares sino que se forja uniendolas para construir algo más fuerte.

La unidad del pueblo no se consigue diluyendo las luchas populares sino que se forja uniéndolas para construir algo más fuerte.

La unidad popular, la unidad del pueblo, no es algo inmediato. En el seno del pueblo, de las clases populares,  existen multitud de contradicciones, corrientes de pensamiento, banderas ideológicas, intereses, luchas y reivindicaciones distintas. Unirlas todas no es posible realizando un agregado que las sume, tampoco una disolución que las borre, que las diluya en un todo uniforme. Es necesario un trabajo de síntesis, que recoja los elementos que en esa diversidad representan los intereses del conjunto del pueblo. Un ejercicio de síntesis que trabaje por resolver las contradicciones, la diferencias, pero que no las borre, sino que las transforme en algo capaz de unir cada vez a más capas del pueblo.

No se trata de aparcar lo que nos divide para pensar en lo que nos une. Se trata de partir de lo que nos une para resolver lo que nos divide y alcanzar una unidad mayor, más fuerte. Unidad, crítica, unidad.

En muchas ocasiones se intentan trazar acciones conjuntas, unitarias, entre organizaciones y colectivos diferentes sobre la base de eliminar las diferencias. Sin siglas. Sin banderas. Sin ideologías. Esto es un ejercicio de uniformización que diluye la pluralidad política y las diferentes reivindicaciones concretas que existen en el pueblo, los diferentes intereses populares que defiende cada colectivo quedando diluida la defensa de los intereses del pueblo. Ya no se defiende nada. No se representa a nadie.

Sin embargo si en lugar de eso se realiza el trabajo de unir todas las reivindicaciones, ideologías y banderas susceptibles de ser unidas en la lucha por un objetivo común, esa unidad no será solo la suma de cada una de las partes, sino que supondrá una síntesis de los intereses populares capaces de movilizar a la mayoría del pueblo. Un efecto sinérgico, multiplicador capaz de dotar al pueblo de la fuerza que necesita para liberarse.

La unidad popular no puede conseguirse disolviendo las luchas concretas.  Los disolventes solo sirven para destruir, la unidad popular se construye, se forja para dar lugar a algo más fuerte que las partes que la componen, como el hierro y el carbono dan lugar al acero en la fragua.

La unidad popular nunca puede ser la disolución de cada una de las luchas, ideologías y banderas del pueblo. Si el pueblo se une bajo esa premisa se unirá en falso dando lugar a una uniformidad artificial autoimpuesta que se diluirá más pronto que tarde. Una uniformidad que no se corresponde con la diversidad del pueblo. Una ensoñación propia de los que defienden el  pensamiento único.

La unidad popular tiene que ser una suma multiplicadora, capaz de sintetizar los intereses, las banderas ideológicas y las luchas susceptibles de ser unidas en la lucha por la libertad del pueblo. Nunca borrarlas, nunca diluirlas, tampoco simplemente sumarlas, sino construir con ellas una alternativa que defienda los intereses del conjunto del pueblo.

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