Por qué los intelectuales temen al socialismo, a la dictadura del proletariado

Contrariamente a lo que dicen sus defensores, el capitalismo no es, o no principalmente, el libre mercado, la libre competencia o el desarrollo en la producción. El capitalismo, como modo de producción, como etapa de la Historia, se caracteriza principalmente por una cosa: La dictadura de los capitalistas. El dominio de los capitalistas por medio de un Estado cuyos aparatos no son otra cosa que la burguesía organizada como clase dominante.

De la misma manera, contrariamente a lo que dicen los economicistas, el socialismo no es, o no principalmente, una economía estatalizada o la planificación de la producción. El socialismo, como etapa de transición entre el modo de producción capitalista y el modo de producción comunista, se caracteriza principalmente por una cosa: La dictadura del proletariado. El dominio de los obreros por medio de un Estado cuyos aparatos no son otra cosa que el proletariado organizado como clase dominante.

Frente a esto que es sencillo y comprensible por todo el mundo, los “izquierdistas”, los troskistas y los socialdemócratas (tanto los que se reclaman de la II Internacional, como los eurocomunistas) siempre tratan de confundir a la gente, hablando de cuestiones complejas sobre la control del Estado proletario por parte de las masas obreras.

¿Qué sentido tiene hablar de control del Estado proletario por parte de las masas obreras? Si bajo la dictadura del proletariado, es la clase obrera quien tiene el poder ¿qué más necesitan controlar?

Bajo la dictadura del capital, esto es en un Estado capitalista, si un gobierno actúa contra los intereses de la burguesía, todos los mecanismos del Estado actúan para deponerlo, meter a los dirigentes de ese gobierno en la cárcel, incluso ejecutarlos. Esto y no otra cosa significa que el capitalismo es la dictadura del capital. El golpe de Estado en España en 1936, el golpe contra Allende en Chile, o los intentos de golpe de Estado en Venezuela son solo algunos ejemplos.

De la misma manera bajo la dictadura del proletariado, esto es en un Estado socialista, si los miembros del gobierno, del politburó o de la burocracia propia de cualquier Estado, actúan contra los intereses del proletariado, todos los mecanismos del Estado actúan para deponer a ese dirigente, meterlo en la cárcel o incluso ejecutarlo. Esto y no otra cosa significa que el socialismo es la dictadura del proletariado.

Cuando los “izquierdistas”, socialdemócratas, troskistas y eurocomunistas nos hablan de la necesidad de organismo de “control del Estado proletario”, lo que reclaman son mecanismo de control independientes de ese Estado. Pero si el Estado proletario es “el proletariado organizado como clase dominante”, lo que reclaman en realidad son organismos independientes del proletariado, es decir organismos burgueses que controlen el Estado proletario.

Cuando estos “elementos”, claman contra la “casta burocrática” del Estado proletario, claman contra los aparatos del Estado por medio de los cuales el proletariado ejerce su dictadura en el socialismo.

Cuando intentan apoyar sus tesis en el fracaso de las experiencias del “socialismo real” siempre ocultan una cosa. El fracaso ha devenido siempre de una cuestión: La renuncia por parte del Partido de la clase obrera a ejercer la dictadura del proletariado.

Si estás ideas calan entre ciertos sectores del pueblo, incluso entre ciertos sectores de la clase trabajadora, especialmente entre los trabajadores intelectuales, es porque estos sectores sociales tienen miedo de la dictadura del proletariado. Por qué, es lo que voy a tratar de explicar en este artículo.

Trabajo manual y trabajo intelectual

El trabajo manual es la base sobre la que se asienta todo modo de producción y toda sociedad humana, desde los tiempos prehistóricos. El trabajo en la producción directa en las fábricas, en el campo, en las minas… el trabajo que transforma la naturaleza en bienes de uso y consumo, es el origen de toda la riqueza material de la que dispone la humanidad.

Por supuesto el trabajo manual va siempre ligado al trabajo intelectual. El trabajo manual, sin el conocimiento, sin la técnica necesaria no es trabajo. Pero con la separación en la prehistoria de la sociedad en clases con la aparición de la esclavitud se produjo también la separación entre el trabajo manual y el trabajo intelectual.

El mundo de la intelectualidad, de la ciencia, de la cultura, de la filosofía fue reservado para los hombres libres. El mundo del trabajo manual, del cuidado del hogar y la familia, del esfuerzo físico en la producción recayó sobre los esclavos y las mujeres.

Incluso entre los esclavos, aquellos que antes de perder su libertad eran hombres doctos, instruidos en alguna o varias materias, eran tratados con algunos privilegios y disponían de pequeñas libertades con respecto al resto de esclavos.

Y esta separación entre trabajo intelectual y trabajo manual sigue vigente hasta nuestros días.

Aunque hoy en día muchos trabajadores intelectuales son también trabajadores asalariados y forman parte de la clase trabajadora, esto no siempre ha sido así. Hasta hace no demasiado tiempo las llamadas profesiones liberales formaban parte de la pequeña burguesía. Médicos, profesores, abogados, ingenieros, arquitectos… eran profesionales que hacían de su carrera su pequeño negocio particular o familiar. Sin embargo el desarrollo del capitalismo y la tecnología han convertido a estos profesionales en servidores asalariados del gran capital. Hoy cada vez son menos los trabajadores intelectuales que pueden vivir de su carrera manteniendo su autonomía respecto del gran capital, y más los que tienen que vender sus servicios a consultoras, bufetes, fundaciones… la esclavitud asalariada domina cada vez sobre más capas de la población y no puede ser de otra manera dentro del capitalismo.

Sin embargo, aunque hoy engrosan las filas de la clase trabajadora estos profesionales siguen teniendo un marcado carácter pequeño burgués. Por un lado porque aún está en su carácter de clase aspirar a ser reconocidos eruditos, eminencias dentro de su campo y entrar a formar parte de las élites burguesas. Por otro, porque aún disfrutan del privilegio que les confiere su condición de intelectuales.

El trabajo manual, el trabajo en la fábrica, en la mina, en la obra, en el campo… es un trabajo que supone desgaste físico. Su desempeño requiere generalmente de mucha menor formación y por lo tanto de un menor desarrollo intelectual y suele ser muchísimo más alienante, mecánico, repetitivo y sacrificado que el trabajo de carácter puramente intelectual.

Poder vivir de desempeñar una función meramente intelectual es un privilegio, que requiere que haya otras personas que desempeñan una función meramente manual para producir los bienes de uso y consumo que uno necesita para vivir. El trabajo intelectual genera riqueza intelectual, “espiritual”, artística… pero no riqueza material. Y esta última es la que el ser humano necesita en última instancia para vivir. La otra si bien es necesaria para el pleno desarrollo del ser humano, no es más que un lujo prescindible cuando no se tiene qué comer.

Por eso los trabajadores intelectuales temen la dictadura del proletariado que anuncia el fin de los privilegios. ¿Es posible mantener el privilegio de vivir del mero trabajo intelectual bajo un régimen que requiere de la generalización total del acceso a la cultura y la ciencia? Es harto difícil. Pero lo que sí es del todo imposible es mantener ese privilegio bajo un régimen basado en la abolición de todo privilegio y en el derecho de todo individuo a formarse y desarrollarse intelectualmente y la obligatoriedad de todo individuo a contribuir a la producción material dentro de sus posibilidades.

Los trabajadores intelectuales temen la dictadura del proletariado, a la dictadura de los obreros. Siempre opondrán al socialismo la condición de que se respeten sus libertades burguesas por que temen que este les despoje de sus privilegios como intelectuales, de las pequeñas libertades propias de su origen pequeño burgués. Pero al mismo tiempo se ven arrollados por el capitalismo que somete a cada vez más de ellos a la esclavitud asalariada, a la competencia en el mercado laboral, a la condición de no poseer más que su fuerza de trabajo y tener que venderla al mejor postor para poder vivir. No tienen por tanto otra alternativa dentro de la realidad, que no sea pasarse a las filas de la revolución proletaria, luchar por derrocar la dictadura de los capitalistas e instaurar la dictadura del proletariado. Pero para hacer esto deben dejar de defender sus intereses presentes y pasar a defender sus intereses futuros. Deben aceptar que su destino, que se acerca cada vez más y más rápido, es convertirse plenamente en proletarios.

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