Aprender de José Díaz, Pepe, el panadero, el sevillano…

13138840_10154811442818136_8614702563093985700_nJosé Díaz nació un 3 de mayo de 1895. Fue un panadero sevillano que si bien inicialmente militó entre los sectores más combativos de la CNT, terminó convirtiéndose en el Secretario General que dirigió el Partido Comunista de España en la última etapa de la II República y durante la Guerra Civil.

La reacción y los trostkistas lo han calificado siempre como un títere de Stalin. ¿Cómo iba un panadero tartamudo a dirigir la etapa más gloriosa del Partido Comunista de España?

Pero el peor de los enemigos de la memoria de José Díaz ha sido su propio partido, el PCE. ¿Cuántos veteranos militantes del PCE desconocen o desconocían durante años la figura del que fue el Secretario General que trazó la línea estratégica capaz de poner en jaque durante 3 años al fascismo nativo y extranjero? ¿Por qué se ha escondido su memoria detrás de la de otras figuras? Marcelino, Dolores… son vitales para la Historia del PCE, pero José Díaz, Pepe, el panadero, el sevillano, convirtió a un pequeño partido marginal en ese partido de leyenda en el que 70 años después aún se mira la izquierda de este país.

El problema del PCE con Pepe Díaz es que es un espejo en el que es muy doloroso mirarse. La dirección del PCE que encabezó junto con Pasionaria se caracterizó por una audacia y una firmeza que haría sentir vergüenza al mejor de los 17 secretarios generales de las actuales federaciones del Partido. Se atrevieron a purgar sin contemplaciones al sectarismo y al oportunismo de las filas del Partido, expulsando incluso a quienes eran dirigentes desde su fundación como Bullejos. Pero  sobre todo se atrevieron a trazar una línea estratégica para hacer la revolución en España.

Analizaron de forma científica la composición de clases de la sociedad española de los años 30 y llegaron a varias conclusiones que les hicieron dar un giro de 180º a la política del PCE:

1 El peso que conservaba aún la aristocracia terrateniente dentro de la clase dominante española convertía a esta en uno de los blancos principales de la revolución.

2 La mayoría de la industria, poco desarrollada en España, estaba en manos del capital extranjero. Lo que convertía al capitalismo español en una capitalismo subsidiario y dependiente.

3 Este peso de la aristocracia y del capital extranjero dentro de la clase dominante convertía a un sector de la burguesía nacional en un aliado potencial.

4 El atraso en el desarrollo industrial de España convertía al campesinado en la fuerza más numerosa dentro de las filas revolucionarias.

5 A pesar de no ser la clase más numerosa, correspondía al proletariado industrial el papel dirigente en la revolución, pues era la única clase capaz de llevar adelante las reformas económicas, políticas y sociales que España necesitaba para deshacerse del yugo de la aristocracia terrateniente y el capital extranjero.

Fue esté análisis de la composición de clases del país, y no ningún oportunismo electoralista,  lo que llevó al PCE de José Díaz y Pasionaria a trazar la línea estratégica del Frente Popular, una alianza que en lo político se traducía en la unidad con todas aquellas fuerzas, obreras o burguesas, dispuestas a enfrentarse a la aristocracia terrateniente y al imperialismo.  Y lo hicieron con una audacia tremenda:

El PCE de José Díaz arrebató la bandera de la patria a los reaccionarios, con la consigna famosa de “¡Vosotros obreros y antifascistas sois los verdaderos patriotas!”, se convirtió además en el más consecuente defensor del derecho de autodeterminación de Euzkadi, Catalunya y Galicia y al mismo tiempo en el principal defensor de la unidad de la clase obrera de todas las nacionalidades de España que entonces se encontraban divididos entre la socialdemocracia del PSOE y la UGT y el anarcosindicalismo de la CNT.

La primera prueba evidente de lo acertado de su análisis y su estrategia es que un año después de haberla trazado, la aristocracia terrateniente y el capital extranjero tuvieron que tomar las armas para defender el poder que el pueblo les había arrebatado en las urnas. La segunda, que a pesar de la inferioridad militar y tecnológica, aquel Frente Popular y el PCE fueron capaces de dirigir al pueblo para resistir a los ejércitos más poderosos de la época prácticamente en solitario durante 3 años.

Hoy se pueden hacer no pocas analogías entre las tareas a las que se enfrentó el PCE de José Díaz y las tareas que hoy tenemos por delante los comunistas españoles. Y la memoria de José Díaz, Pepe, el panadero, el sevillano resuena en las reuniones y comités del partido, reaparece en las cartas y discursos de nuestros dirigentes. Se trata ahora de saber si seremos capaces como fueron nuestros camaradas de los años 30 de convertir de nuevo el PCE en esa fuerza transformadora, de unir a toda la clase obrera entorno a una línea verdaderamente revolucionaria y de unir al grueso de nuestro pueblo contra las agresiones imperialistas y los vendepatrias que las permiten y fomentan desde el poder del Estado español.

Hoy entre nuestro pueblo, entre nuestra clase y en nuestro partido se viven estos tiempos como tiempos de ilusión, de entusiasmo y voluntad de victoria. Pero José Díaz nos enseñó muchas cosas y una de ellas es que con el entusiasmo y la voluntad no bastan. Para vencer lo que nuestra clase y nuestro pueblo necesitan en primer lugar es una cosa: Organización.

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