Todo lo que siempre quisiste saber sobre socialismo, socialdemocracia, comunismo, marxismo y marxismo-leninismo y no te atrevías a preguntar

marx-eng3Todo el que sabe algo sobre la Historia del movimiento obrero sabe que tras la ruptura en la I Internacional entre marxistas y anarquistas, los primeros fundaron la II Internacional que terminó conociéndose como Internacional Socialista o socialdemócrata, de la que más tarde con la revolución de Octubre en Rusia se escindió la III Internacional o Internacional Comunista.

Por tanto, lo lógico, es pensar que aunque Marx y Engels llamaron a la obra que sintetizaba sus teorías, “Manifiesto del Partido Comunista”, fueron los fundadores del  socialismo y de la socialdemocracia.

Pero la realidad siempre es dialéctica y por lo tanto más compleja de lo que dicta la lógica mecánica.

Marx y Engels no fueron los fundadores de la socialdemocracia, tampoco del movimiento socialista, ni siquiera del comunista.

De hecho en Engels explicaba así, en el prefacio a la edición de 1888, porque decidieron llamar al primer texto que sintetizaría sus postulados como “Manifiesto del Partido Comunista” y no “Manifiesto del Partido Socialista”:

“…la historia del “Manifiesto” refleja en medida considerable la historia del movimiento moderno de la clase obrera; actualmente es, sin duda, la obra más difundida, la más internacional de toda la literatura socialista, la plataforma común aceptada por millones de trabajadores, desde Siberia hasta California.

Sin embargo, cuando fue escrito no pudimos titularle Manifiesto Socialista. En 1847 se llamaban socialistas, por una parte, todos los adeptos de los diferentes sistemas utópicos: los owenistas en Inglaterra y los fourieristas en Francia, reducidos ya a meras sectas y en proceso de extinción paulatina; de otra parte, toda suerte de curanderos sociales que prometían suprimir, con sus diferentes emplastos, las lacras sociales sin dañar al capital ni a la ganancia.

 En ambos casos, gentes que se hallaban fuera del movimiento obrero y que buscaban apoyo más bien en las clases “instruidas”. En cambio, la parte de la clase obrera que había llegado al convencimiento de la insuficiencia de las simples revoluciones políticas y proclamaba la necesidad de una transformación fundamental de toda la sociedad, se llamaba entonces comunista. Era un comunismo rudimentario y tosco, puramente instintivo; sin embargo, supo percibir lo más importante y se mostró suficientemente fuerte en la clase obrera para producir el comunismo utópico de Cabet en Francia y el de Weitling en Alemania. Así, el socialismo, en 1847, era un movimiento de la clase burguesa, y el comunismo lo era de la clase obrera. El socialismo era, al menos en el continente, cosa “respetable”; el comunismo, todo lo contrario. Y como nosotros manteníamos desde un principio que “la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma”, para nosotros no podía haber duda alguna sobre cuál de las dos denominaciones procedía elegir. Más aún, después no se nos ha ocurrido jamás renunciar a ella.”

Marx y Engels decidieron denominarse como comunistas porque en 1848 el comunismo era un movimiento obrero, revolucionario, que proponía transformar los fundamentos de la sociedad, aunque de forma útopica. Mientras que el socialismo era un movimiento de carácter pequeño burgués, que únicamente planteaba reformas o transformaciones políticas o democráticas, sin cuestionar la base de la sociedad capitalista: la explotación asalariada.

Para Marx y Engels en 1848 el término socialdemocracia hacia referencia al movimiento que conjugaba el programa pequeño-burgueés y el programa proletario, manteniéndose dentro del reformismo de la pequeña burguesía. Así lo definía Marx en “El 18 de Brumario de Luis Bonaparte:”

“Frente a la burguesía coligada se había formado una coalición de pequeños burgueses y obreros, el llamado partido socialdemócrata. Los pequeños burgueses viéronse mal recompensados después de las jornadas de junio de 1848, vieron en peligro sus intereses materiales y puestas en tela de juicio por la contrarrevolución las garantías democráticas que habían de asegurarles la posibilidad de hacer valer esos intereses. Se acercaron, por tanto, a los obreros.

De otra parte, su representación parlamentaria, la Montaña (así se llamaba el partido de la pequeña burguesía), puesta al margen durante la dictadura de los republicanos burgueses, había reconquistado durante la última mitad de la vida de la Constituyente su perdida popularidad con la lucha contra Bonaparte y los ministros realistas. Había concertado una alianza con los jefes socialistas.

En febrero de 1849 se festejó con banquetes la reconciliación. Se esbozó un programa común, se crearon comités electorales comunes y se proclamaron candidatos comunes. A las reivindicaciones sociales del proletario se les limó la punta revolucionaria y se les dio un giro democrático; a las exigencias democráticas de la pequeña burguesía se les despojó de la forma meramente política y se afiló su punta socialista.

Así nació la socialdemocracia. La nueva Montaña, fruto de esta combinación, contenía, prescindiendo de algunos figurantes de la clase obrera y de algunos sectarios socialistas, los mismos elementos que la vieja, sólo que más fuertes en número. Pero, en el transcurso del proceso, había cambiado, con la clase que representaba. El carácter peculiar de la socialdemocracia consiste en exigir instituciones democrático-republicanas, no para abolir a la par los dos extremos, capital y trabajo asalariado, sino para atenuar su antítesis y convertirla en armonía. Por mucho que difieran las medidas propuestas para alcanzar este fin, por mucho que se adorne con concepciones más o menos revolucionarias, el contenido es siempre el mismo. Este contenido es la transformación de la sociedad por la vía democrática, pero una transformación dentro del marco de la pequeña burguesía.”

Pero entonces, ¿Por qué el Partido Bolchevique nació como una escisión del Partido Socialdemócrata Ruso? ¿Por qué el PCE nació en 1920 de diferentes escisiones del PSOE y la Juventudes Socialistas?

Bien, lo que sucedió es que fruto de la enorme difusión que tuvo el Manifiesto Comunista dentro del movimiento socialista, la socialdemocracia se convirtió en la corriente dominante dentro de la II Internacional. Aunque Marx y Engels la combatieron, todos los socialdemócratas se reivindicaban marxistas, entre ellos revolucionarios como Lenin o Rosa Luxemburgo y también reformistas como Bernstein o Bebel.

De hecho, los comunistas contemporáneos de Marx y Engels también militaban en su origen en los partidos socialdemócratas de su época, aunque se reservaban el derecho de crítica. Así lo podemos leer en el Manifiesto del Partido Comunista:

“Los comunistas luchan por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera; pero, al mismo tiempo representan y defienden también, dentro del movimiento actual, el porvenir de ese movimiento. En Francia, los comunistas se suman al Partido Socialista Democrático* contra la burguesía conservadora y radical, sin renunciar, sin embargo, al derecho de criticar las ilusiones y la fraseología legadas por la tradición revolucionaria.

 * Este partido estaba representado en el parlamento por Ledru-Rollin, en la literatura por Luis Blanc y en la prensa diaria por La Réforme. El nombre de Socialista Democrático significaba, en boca de sus inventores, la parte del Partido Democrático o Republicano que tenía un matiz más o menos socialista. (Nota de F. Engels a la edición inglesa de 1888.)

 Lo que se llamaba entonces en Francia el Partido Socialista Democrático estaba representado en política por Ledru-Rollin y en la literatura por Luis Blanc; hallábase, pues, a cien mil leguas de la socialdemocracia alemana de nuestro tiempo. (Nota de F. Engels a la edición alemana de 1890.)”

Finalmente, a principios del siglo XX,  cuando las contradicciones entre la burguesía y el proletariado se antagonizaron fruto de la I Guerra Mundial, los revolucionarios se escindieron, llamando a todos los obreros del mundo a romper con los partidos socialdemócratas que se habían posicionado con las burguesías de sus países en la contienda, es decir, el Partido Socialdemócrata Alemán llamaba a los obreros rusos a “defender Alemania”, matando a obreros Franceses y Rusos y de la misma forma los Partidos Socialdemócratas ruso y francés.

Los revolucionarios rompieron con los que hasta entonces habían sido sus partidos y llamaron a los obreros a no utilizar las armas contra sus hermanos obreros de los otros países, sino contra las oligarquías de su propio país. En Rusia triunfaron y fundaron una nueva internacional para la que eligieron el mismo nombre que Marx y Engels para diferenciarse del socialismo burgués: La III Internacional o Internacional Comunista.

Como todos los socialdemócratas se reivindicaban también como marxistas, para manifestar la ruptura y como todos los socialdemócratas cuestionaban las tesis de Lenin sobre el dominio del capital financiero y el carácter del imperialismo y las guerras imperialistas, los comunistas acuñaron el término marxista-leninista.

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