Sobre la necesidad de ideología y la lucha ideológica y la trampa del pensamiento colectivo.

El verano de 2011 fue un verano muy intenso. La irrupción del movimiento 15M supuso un terremoto social y político, pero también una sacudida en la conciencia y en la práctica de muchas personas, que durante pases pasamos de tener una actividad político-social escasa o nula a participar casi a diario en asambleas, reuniones y movilizaciones.

Para mí era la primera vez que me encontraba con un movimiento de masas tan amplio y aunque en un principio muchas de las ideas en las que se basaba el movimiento chocaban con mi forma de pensar, pronto asumí que eran prejuicios y me dejé llevar por la excitación del momento y la explosividad social. Me equivoqué. Me deje llevar por el oportunismo en lugar de defender aquello que consideraba justo y correcto.

Fue en agosto de ese año cuando escribí un artículo sobre lanecesidad de dejar a un lado la ideología en las asambleas para decidir usandolo que en la guía de dinamización de asambleas de acampada sol se denominaba “pensamientocolectivo”. Este artículo recibió miles de visitas y fue leído y reproducido en varios documentos y asambleas del movimiento 15M tanto en asambleas de barrio como en plataformas. Llevado por mi ego, pensé que se trataba de un gran artículo en lugar de pensar que la difusión “expontanea” de ese artículo no se correspondía con mi modesto talento para la literatura sino con el interés de “alguien” en difundir ese tipo de pensamiento.

La base del pensamiento colectivo es tratar por igual todas las ideas, o lo que es lo mismo prescindir de ideologías. Este puede parecer un buen método para evitar conflictos y que la asamblea se desarrolle de forma “tranquila”, que todo el mundo sea escuchado y sumar las ideas de todo el mundo y generar un consenso que recoja todas ellas. En realidad es la mejor manera de justificar lo injustificable, siempre y cuando se haga de manera correcta en lo formal.

Las ideas no son asépticas. No existen las ideas neutras. Las ideas defienden intereses concretos de diferentes sectores de la sociedad. Intereses que por la naturaleza de la sociedad en la que vivimos son antagónicos, no pueden sumarse. Las ideas tienen carácter de clase, defienden un interés de clase.
Las ideologías son diferentes concepciones de la realidad que se corresponden con una determinada posición dentro de la sociedad. Son el punto de vista de una clase social. Las ideologías toman partido por una determinada clase social. Defienden sus intereses. Cada idea dentro de una ideología se presenta como justa o injusta en función del interés de clase que defiende la idea y el interés de clase que defiende esa ideología.

Al partir de la necesidad de obviar la ideología, el “pensamiento colectivo” impone que no se tome partido por nada ni por nadie. De esta manera la idea de prescindir de la ideología impide tomar partido contra lo que es injusto para el pueblo, para las clases populares es decir, prescindir de la ideología es una ideología que toma partido por las clases en el poder. Bajo la apariencia de la necesidad de evitar prejuicios se impone una paz sin principios en la que lo importante no es que las personas que forman la asamblea tomen una decisión de acuerdo a sus intereses, sino el “buen” desarrollo de la asamblea y la conciliación de todas las contradicciones, obviando el hecho de que al conciliar una idea justa con una idea injusta el único resultado posible es la justificación de la injusticia.

Aunque este es el punto de partida en todas las asambleas populares del 15M, muchas veces se toman decisiones justas por el mero hecho de que en el seno del pueblo residen ideas y relaciones justas. Pero al mismo tiempo estas asambleas están desarmadas a la hora de combatir las ideas ajenas al pueblo que están entre el pueblo por medio de dominio de la educación, la propaganda y la historia de la clase dominante. De esta manera es imposible construir relaciones y organizaciones realmente populares, justas que permitan al pueblo combatir la ideología de la clase dominante, romper su dominio sobre las ideas que circulan en la sociedad y la imposición de su ideología.

Para liberarnos necesitamos una ideología. Una ideología que nos permita situar con claridad qué es justo y qué es injusto para nosotros, es decir desde los intereses de los oprimidos y los explotados. De los de abajo. Sin ideología los de abajo no pueden ir a por los de arriba o si van irán desarmados y a una derrota segura. Es necesario liberarse de la cárcel de la formalidad, de la forma y empezar a pensar en el fondo, lo que hay detrás de cada idea, de cada posición que se manifiesta en las asambleas, desenmascarar las ideas injustas y defender las ideas justas, las que defiendan nuestros intereses como pueblo trabajador. Y para poder distinguir unas ideas de otras necesitamos ideología. No se trata de generar soluciones colectivas para problemas colectivos, porque vivimos en un mundo injusto en el que unos oprimen a otros para apropiarse del fruto de su trabajo, para explotarles. Y los problemas de esos unos y los problemas de esos otros son diferentes, porque mientras a unos interesa perpetuar y perfeccionar la explotación y la opresión a los otros les interesa acabar con ellas. Necesitamos una concepción del mundo nueva para crear un mundo nuevo, pero sobre todo necesitamos una concepción del mundo justa para crear un mundo justo, sin explotación ni opresión.

“La izquierda ha tenido muchas capas y muchas bases, pero lo que es la izquierda revolucionaria, la izquierda de la lucha de clases, la veo que está empezando a despertar. La gente se está empezando a dar cuenta de que no se ha acabado la sociedad clasista, donde sigue el “tanto tienes tanto vales”. Sigue imperando ese modelo de sociedad. Y la gente se empieza a dar cuenta y empieza otra vez a organizarse. De ahí que tomen estas medidas los que tienen el poder y los que forjan leyes. Tenemos que unirnos. Unión.” Alfonso Fernandez ‘Alfon. Declaraciones a su liberación.

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