La cárcel de la ideología dominante

-Morfeo: Matrix nos rodea. Está por todas partes. Incluso, ahora, en esta misma habitación. Puedes verla si miras por la ventana, o al encender la televisión. Puedes sentirla… cuando vas a trabajar, cuando vas a la iglesia, cuando pagas tus impuestos… Es el mundo que ha sido puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad.

–  Neo: ¿Qué verdad?

-Morfeo: Que eres un esclavo, Neo. Igual que los demás naciste en cautiverio, naciste en una prisión que no puedes ni saborear, ni ver ni tocar. Una prisión para tu mente.


Durante los últimos 10.000 años la sociedad humana ha estado dividida en diferentes clases sociales. Por medio de diferentes aparatos de dominio, diferentes clases explotadoras se han apropiado de la vida y el trabajo del resto de la sociedad. Ejércitos, policías, jueces, leyes, gobiernos… aparatos de distinto carácter y función con un mismo objetivo, garantizar los intereses de la clase en el poder: apropiarse de la riqueza generada por el conjunto de la sociedad. Pero hay algo que garantiza la perpetuación en el poder de los explotadores además de los aparatos del Estado: la ideología dominante. En cada periodo de la historia humana durante los últimos 10.000 años nos encontramos una ideología que lo caracteriza. Una ideología que justifica y presenta como natural la forma en que se da en esa etapa la explotación y el dominio de unos pocos sobre el resto de la humanidad. Diferentes ideologías para diferentes formas de explotación, propias de diferentes clases explotadoras, pero un objetivo común, justificar que el esclavo es esclavo y el amo es amo, de forma inevitable y natural. Sin embargo, en nuestra época la ideología dominante tiene una característica que no tenía en épocas anteriores. Mientras que en otras edades el pensamiento dominante justificaba de forma abierta la superioridad de unas personas sobre otras y el derecho de unas a explotar a otras, la ideología capitalista, el liberalismo, presenta las relaciones de explotación como relaciones entre personas libres e iguales.

En la antigüedad la ideología dominante presentaba como algo natural la esclavitud, la propiedad de unas personas sobre otras. En la edad media el señor era señor y el siervo era siervo por voluntad de Dios. Y en ambas lo natural era que el amo, o el señor se apropiaran del fruto del trabajo del esclavo o del siervo.

Sin embargo en nuestra época no se justifica el derecho de unas personas a apropiarse del trabajo de otras. Se oculta. Al igual que en la película de los hermanos Wachowsky, el liberalismo presenta ante nuestros ojos una realidad en la que somos libres, dueños de nuestro destino, cuando realmente sucede todo lo contrario.

Estamos condenados a entregar nuestro tiempo de vida a la construcción de un sistema ajeno y contrario a nuestros propios intereses. Como ocurría con los esclavos o los siervos, todo lo que recibiremos a cambio será lo necesario para seguir viviendo dentro del sistema, para que este pueda seguir perpetuándose a costa nuestra. Pero al contrario que épocas anteriores esto se enmascara bajo la apariencia de la libre participación en la vida económica, social y política. Una vida económica social y política diseñada al servicio de la clase dominante para perpetuar su dominio. Una forma de explotación tan avanzada que inculca al esclavo que es libre, de manera que es incapaz de luchar por liberarse. Más aun, mientras no rompa la cárcel que es para su mente la ideología dominante, si lucha sólo podrá luchar por perfeccionar el mismo sistema social, económico y político que lo esclaviza. Para poder luchar por su libertad los esclavos primero necesitan tomar conciencia de que lo son. Necesitan su propia ideología, una ideología que les muestre la necesidad de liberarse.

Neo: Sé que tenéis miedo. Nos teméis a nosotros. Teméis el cambio… … Yo no conozco el futuro. No he venido para deciros cómo acabará todo esto. Al contrario, he venido a deciros cómo va a comenzar. Voy a colgar el teléfono y luego voy a enseñarles a todos lo que vosotros no queréis que vean. Les enseñaré un mundo sin vosotros. Un mundo sin reglas y sin controles, sin límites ni fronteras. Un mundo donde cualquier cosa sea posible. Lo que hagamos después, es una decisión que dejo en vuestras manos.

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